Del aviso que genera la consulta al service de seis meses después: Ventas, Administración, Gestoría, Entregas, Taller, Repuestos y Gerencia sobre la misma información. No es un CRM: es el cerebro operativo de la concesionaria.
Ventas, Administración, Gestoría, Entregas, Recepción, Taller, Repuestos y Gerencia trabajan sobre la misma persona y el mismo vehículo. Cuando cada área anota en su propia herramienta, la información existe pero no se encuentra.
El aviso publica, la persona escribe por WhatsApp y el lead entra con su campaña y su anuncio pegados. El vendedor lo atiende, el supervisor reparte lo que queda sin dueño y la gerencia mira el mismo tablero.
El vendedor recibe a la persona sabiendo qué preguntó y por qué aviso llegó. Prueba de manejo, tasación del usado con su firma y sus impedimentos, y la propuesta — cada paso con su evidencia.
El pedido queda firmado, con la forma de pago, el usado tomado y la foto del papel. La persona se vuelve cliente — y de acá en adelante todas las áreas trabajan sobre la misma ficha.
Administración controla los pagos y asigna la unidad del stock: el chasis deja de ser un modelo y pasa a ser este auto. La carpeta baja a Gestoría — y el vendedor lo ve sin tener que ir a preguntar.
Patentamiento en el registro, y en paralelo la transferencia del usado: deudas, informe de dominio, verificación, 08. Vuelve la chapa y la patente queda cargada en el sistema, no en un Excel aparte.
Entregas es la última barrera: verifica que el usado esté liberado y el crédito liquidado, coordina accesorios y alistamiento, avisa al cliente 24 h antes y entrega con acta. Ahí arranca la garantía.
El turno se coordina por WhatsApp y, al entrar, la analítica de video lee la misma patente que nació en Gestoría. El sistema encuentra al cliente, asigna asesor y precarga los trabajos — sin tipear una tecla.
Un QR por vehículo sella cada paso. El mecánico dicta y la IA lo estructura en trabajo, repuesto y estado; cada pieza queda pedida contra la orden — reservada si hay, y en la orden de compra si no.
El mecánico no cierra la orden: la pasa a control. Si rechazan, vuelve al mismo mecánico. Después el lavado, el aviso por WhatsApp y la entrega — cero inicio manual de los asesores.
Persona, vehículo y quién tuvo qué y desde cuándo: la historia completa en un registro que solo se agrega. La gerencia pregunta en lenguaje natural y el número sale de ahí, con el detalle de dónde salió.
Con el mismo sistema operando en cada sucursal, la terminal audita su red entera desde un solo lugar: mismos procesos, mismas métricas, misma vara — sin pedir planillas ni esperar informes.
Una concesionaria no compra software:
incorpora un modo de operar.
La consulta que entra por un aviso, el boleto que se firma, la carpeta que baja a Gestoría, la patente que vuelve, el auto que se entrega — y seis meses después el mismo auto entrando al taller.
Es un solo proceso. Debería vivir en un solo lugar.
No hay planillas que exportar ni informes que pedir. La gerencia pregunta en lenguaje natural —por texto o por voz— y el sistema responde con la métrica, el gráfico y de dónde salió el dato: ventas, trámites, entregas, taller y repuestos, calculados siempre igual. Una sola verdad, imposible de contradecir.
Cada respuesta se calcula sobre las mismas primitivas que usa la operación: si el tablero del asesor y el número de la gerencia no coinciden, es porque uno de los dos está mal — y no puede pasar, porque son el mismo dato. Cero alucinaciones: si el sistema no lo sabe, no lo inventa.
La consulta llega por WhatsApp desde un aviso y el sistema le pega su campaña y su anuncio. El vendedor la atiende, el supervisor reparte lo que queda sin dueño y la gerencia mide sobre el mismo tablero.
Cita, prueba de manejo, tasación del usado firmada, propuesta y boleto: cada acto queda con su firma, su foto y su fecha. El estado sale del acto — no de un desplegable que alguien se acuerda de actualizar.
Lo que pasa entre la firma y la entrega —pagos, unidad asignada, patentamiento, transferencia del usado, accesorios, alistamiento— en una sola carpeta viva, que el vendedor y el cliente pueden mirar sin ir a preguntar.
Nace en Gestoría, con el trámite que la generó — no en un Excel aparte. Y es la misma llave que la cámara del ingreso va a leer cuando el auto vuelva al taller.
Recepción, taller, lavado, depósito, entrega: quien mueve el auto escanea, y el paso queda sellado con quién y cuándo. Siempre se sabe dónde está cada unidad.
De la firma a la entrega, en días. Del ingreso al «terminado», en horas hábiles netas que descuentan noches, fines de semana y feriados. El mismo cálculo para todos, todos los días.
Analítica de video lee la patente al llegar y la cruza con la base: encuentra al cliente, asigna asesor y precarga los trabajos del turno. El resto del circuito arranca de ahí.
«Cambié las pastillas, falta el filtro» se convierte en trabajo, repuesto y estado. Pensado para manos sucias: pocos botones, todo grande, y voz, foto o texto — lo que sea más rápido.
Cada pieza se pide desde la orden de reparación: queda reservada si hay stock, y si no hay pasa a pendiente de compra y arma la orden a fábrica. Mientras tanto el auto está «aguardando piezas» y el reloj de trabajo se detiene.
Ningún auto llega a «terminado» sin la aprobación de un asesor. El mecánico no cierra la orden: la pasa a control. Si el asesor rechaza, vuelve al mismo mecánico.
Quién movió el auto, quién grabó el avance, quién aprobó la calidad, quién presentó el trámite. Nada se edita, nada se borra: los conflictos se resuelven mirando el sistema, no la memoria de nadie.
La persona se identifica por teléfono, por DNI o por email; el vehículo por chasis y por patente. Y la tenencia los une: quién lo compró, quién lo entregó en parte de pago, quién lo trae al service.
«¿Cuánto tardamos de la firma a la entrega?» «¿Qué carga tiene cada mecánico?» Métrica y gráfico en lenguaje natural, sobre ventas, trámites, taller y repuestos — y cada respuesta muestra de dónde salió el dato.
El mismo hilo de WhatsApp acompaña toda la vida del cliente: la consulta, la cita, el aviso 24 h antes de la entrega, el turno de service, el auto listo y la reseña. Cero inicio manual de los asesores.
Con cada paso fechado, el embudo deja de ser una sensación: cuántos días se van en Administración, en Gestoría y en Entregas, y cuántas horas en el taller — por operación, por persona y por período.
Con el mismo sistema en cada sucursal, la terminal ve ventas, trámites, entregas, calidad y repuestos unificados y comparables — y cada concesionaria queda lista para auditorías sin esfuerzo extra.
El aviso publica y la persona escribe por WhatsApp. El lead entra con su campaña y su anuncio, el vendedor lo atiende y lo que queda sin dueño lo reparte el supervisor. La gerencia mira el mismo tablero, no un informe aparte.
Cita confirmada, prueba de manejo y tasación del usado con su firma, sus documentos y sus impedimentos. La propuesta sale con precio y plan — y todo queda colgado de la misma persona.
Forma de pago, usado tomado, firma del cliente y del asesor, foto del papel. El lead se vuelve cliente y la operación pasa a ser una carpeta que todas las áreas miran.
Controla los pagos y asigna la unidad del stock: el chasis deja de ser un modelo y pasa a ser este auto. La carpeta baja a Gestoría — y el vendedor lo ve sin tener que ir a preguntar.
Presentación en el registro y, en paralelo, la transferencia del usado: deudas, tasa municipal, informe de dominio, verificación, 08 y denuncia de venta. Vuelve la chapa y la patente queda en el sistema.
Verifica que el usado esté liberado y el crédito liquidado, coordina accesorios y alistamiento, avisa al cliente 24 h antes y entrega con acta. Ahí arranca la garantía y se cierra la operación.
El turno se coordina por WhatsApp y, al entrar, la cámara lee la misma patente que nació en Gestoría. El sistema reconoce al cliente y al vehículo, asigna asesor y precarga los trabajos.
El QR sella cada paso. El mecánico dicta el avance y la IA lo estructura; cada pieza se pide contra la orden: reservada si hay, y a la orden de compra si no. El auto en pausa deja de sumar tiempo de trabajo.
El mecánico pasa la orden a control; un asesor aprueba o la devuelve al mismo mecánico. Después el lavado, el aviso por WhatsApp, la entrega y la reseña.
Una persona, un vehículo y quién tuvo qué y desde cuándo, en un registro que solo se agrega. El «yo pensé que…» se termina: se mira el sistema.
No adaptamos un enlatado: construimos la solución exacta para la concesionaria, probada en terreno real y con métricas desde el día uno. De diagnóstico a sistema en producción, en cinco semanas.
Una semana adentro de la operación real: quién hace qué, dónde se corta la información y qué duele de verdad.
Ingreso, estados y roles. El auto empieza a dejar rastro desde que entra, y cada persona ya tiene su pantalla.
Taller, repuestos y control de calidad sobre la misma información. La operación completa, en un solo lugar.
Simplicidad como estándar: lo que importa es la adopción, no la cantidad de funciones. Se ajusta con la gente que lo usa.
El sistema es tuyo y las métricas ya corren. Te dejamos autónomo — sin dependencias eternas.
En Seprio (Rosario) el sistema ordena la posventa completa y el circuito comercial, todos los días, con el equipo usándolo de verdad. El tramo que va de la firma a la entrega —Administración, Gestoría y Entregas— se está incorporando al mismo circuito, con el mismo criterio: el estado sale del acto, no de un checklist que alguien tiene que acordarse de actualizar. Cada concesionaria recibe su propio despliegue.
Lo construye RIA Labs, en Rosario: software y analítica de video hechos a medida para operaciones reales. Empezamos por el problema, medimos desde el primer día y dejamos el sistema andando en manos del equipo que lo usa.
De la consulta al service, en un solo sistema vivo: medible, auditable y con cada área mirando la misma información. Lo que sigue es una conversación de una hora sobre tu operación.